Adriana Manfredi

¿ES SIMPLE?

El estacionamiento en Pergamino:

Desde fines del año pasado se pudo descargar en los teléfonos celulares de los vecinos una aplicación que recién en estos días entró en vigencia.

Se han escuchado los más diversos comentarios acerca de la implementación de "Simple" tal su nombre, sobre todo que es costoso, que después de dos horas hay que mover el vehículo del lugar y llevarlo a otra ubicación para volver a pagar y que este sistema no va a ayudar a la descompresión vehicular en las horas pico, en el radio céntrico.

A lo mejor, el que falla no es el nuevo sistema, tal vez deberíamos pensar si los que fallan no son los conductores.

Pararse en ciertas horas en la puerta de la Escuela Normal o la Escuela 2 y observar la batalla del lugar para retirar al nene, es prácticamente vergonzoso, ni hablar de intentar pasar por ahí en ese momento, deberá enfrentar una cola de pocos autos pero muchos minutos para hacer dos cuadras. Literal: dos cuadras.

Ni hablar de estacionar un sábado en el microcentro, proeza solo para valientes y madrugadores, si uno no entra en esas dos categorías, deberá dejar el automóvil a una considerable cantidad de metros de su destino.

Aunque los conductores de autos no son los únicos culpables, también están los conductores de motos, que en una gran mayoría carecen de conocimientos básicos de matemática, o sea ¿Se estacionan a 45° o a 90°?, ante tal disyuntiva mejor poner la moto donde y como se les ocurra: cruzada, sobre la vereda, en una rampa, en el lugar de los contenedores verdes, total nadie controla.

Y es cierto, nadie controla.

Desde hace un tiempo, aproximadamente desde el inicio del año, no se ve a los Inspectores de Tránsito más que los viernes o sábados a la noche. ¿Qué generoso horario cumplen estos seres intocables? , ¿Solo trabajan unas noches por semana? , ¿Donde están durante el día?

Se ha podido ver a varios explicando el funcionamiento de la aplicación en las últimas semanas del 2019, pero fuera de los 4 bulevares no se los encuentra ni con lupa.

Y si los encargados de hacer cumplir las normas no están, todo queda librado a la buena voluntad de los conductores, que a veces dejan en casa esta virtud. Cuando el gato no está, los ratones bailan, estacionan y ocupan cuanto lugar encuentran.

Deberíamos dejar de mirarnos el ombligo, empezar por uno, proponernos ser mejores, y ante la duda hacer lo que corresponde, respetar las normas y respetarnos como individuos.