Un pergaminense de 15 años desarrolló un servidor para sostener un juego online entre personas de distintas partes del mundo

11.02.2020

Después algunos años, bombas y muertes mediantes, la industria petrolera volvió a recuperar el cetro en los rankings de las empresas más potentes del planeta.

Antes fueron justamente las empresas tecnológicas las líderes indiscutidas en cuanto a crecimiento y sostenimiento. Así no resulta extraño encontrar nombres como los de Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet, Facebook, Alibabá dominando la escena económica mundial, con alguna empresa sobre servicios financieros, alguna otra de farmacia y después del décimo lugar llegaban las petroleras que siempre estuvieron a tope en aquellos días previos al 2000, días que ya no volverán.

En definitiva, mientras las empresas de tecnología se constituyen como las grandes potencias del nuevo mundo, Argentina sigue poniendo todos los huevos en una única canasta: el campo.

Justamente en nuestra ciudad, en medio de las tierras más ricas del mundo, un chico de 15 años prende su pc entrada la noche. Lejos de perderse entre youtubers de moda, cantantes de hits o ácidos comentaristas de sillón, dedica sus horas a programar. Solo, sin más ayuda que la de algún tutorial.

"Básicamente lo que yo hago es tener un mundo dentro de un videojuego en el cual gente de cualquier parte del planeta se puede conectar. Unturned es mi servidor, mi mundo. Allí se simula la vida real, entonces la gente puede ser camionero y llevar mercancía de un lugar a otro, o trabajar en una mina, o ser policía, médico, hasta abogado, tal como en la vida real. Justamente lo que a la gente le divierte es la simulación de la vida real" explicó a PRIMERA PLANA, Joaquín Orive, el menor de los tres hijos de Florencia y Hernán, quien desde fines de agosto sostiene por su propia cuenta ese espacio en el que interactúan aproximadamente una treintena de personas durante cada día.

Joaquín es estudiante de la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 1 "Bartolomé Mitre", más conocida como el Industrial. Junto a un amigo programaron ese espacio a fuerza de voluntad y tutoriales. Luego de la primera configuración, su amigo prefirió invertir el tiempo en divertirse con sus amigos y Joaquín siguió por su cuenta "Lo configuramos entre los dos, para eso tuvimos que aprender algunas cuestiones de programación. A mí ya desde antes me interesaba la programación y la informática y como iba a una escuela técnica tenía un poco la noción, pero el trabajo lo hicimos sin conocimientos previos, esa es la realidad. Buscando en YouTube, indagando en foros, en Google, aprendí un lenguaje de programación para poder escribir un código. En definitiva, el servidor lo configuré viendo videos; no es algo complicado pero sí hay que dedicarle mucho tiempo", dijo Joaquín, quien también remarcó que el paso por "el Indu" le dio nociones sobre maestro mayor de obra, informática y electromecánica, que son los ejes centrales de los primeros 3 años. Eso le ayudó sobre todo a encantarse con la programación y definir a partir del año en curso especificar sus conocimientos en informática: "Es probable que allí la escuela me ayude un poco más al estar viendo cosas más parecidas a lo que estoy viendo", indicó.

El futuro del futuro

Hace ya algunos años Argentina edita y reedita el Libro Blanco de la Prospectiva TIC, donde pensadores multidisciplinarios del sector van marcando el camino futuro de estas nuevas industrias. Revisar las primeras publicaciones no hace más que confirmar que aquellos analistas estaban acertados en destacar el crecimiento del sector, a punto tal que hace muchos años ya vaticinaban la situación que se describe en el primer párrafo de esta nota.

Durante la gestión del presidente Mauricio Macri hubo un intento de modernización donde preponderaba la investigación y el crecimiento en cuanto al tema, pero luego "pasaron cosas" y las buenas intenciones no salieron de un taller motivacional y un apoyo desmedido a quienes menos lo necesitaban. Aquellos unicornios como Mercado Libre, Globant o Despegar.

Ahora, el período de Alberto Fernández vuelve a hacer hincapié en pensar a la industria de las tecnologías digitales, desarrollos de software, pymes que suman capas de conocimiento a hardware, soluciones tecnológicas para logística, Internet de las cosas, energías renovables y un sinnúmero de otras tantas posibilidades fundamentales para no quedar más afuera del mundo. Ahora habrá que esperar que "no pasen cosas" y que este camino no se desvíe hacia la mano de obra calificada y barata.

Lejos de estos análisis y situaciones, Joaquín Orive contó con entusiasmo como hizo para posicionarse con este juego de roleplay que administra diariamente: "Para que el servidor esté abierto las 24 horas pago un host, es decir una persona de cualquier parte del mundo que tiene una PC prendida todo el tiempo y ejecuta lo que le indiques. En mi servidor, dentro del juego, entran 48 personas conectadas al mismo tiempo, especialmente ese límite llega los fines de semana. Normalmente están jugando unas 30 personas. Por otro lado, para comunicarle a la gente sobre alguna actualización o sobre algún problema en el juego, cuento con una comunidad, que es básicamente como un grupo de Whatsapp en el que cualquiera se puede unir. Entonces todos se enteran de todo lo que hay en el servidor. En ese grupo somos 800 personas, obviamente no todas juegan todo el tiempo, por ahí muchos juegan el 'finde' y en la semana no lo hacen, o dejan pasar un tiempo y vuelven; es muy variable eso se denomina Discord", especificó.

Del dinero virtual al dinero real

Unturned es un juego independiente, potenciado por ocupar roles y por tener la opción de encontrar en una partida muchos jugadores de cualquier parte del planeta que interactúan entre sí y generan una improvisación constante y permanente. Lo que hace Joaquín Orive es administrar el servidor en el que se aloja ese juego. Son varios los denominados "protos" y algunos muy conocidos como el GTA V, que son juegos que se fueron adaptando y ampliando a "desarrollos locales" por la altísima demanda.

"Creo que a mí me fue bien porque cuando abrí el servidor después de vacaciones de invierno, en ese momento todos estaban cerrando los servidores entonces me encontré de golpe con bastante fama porque era de los pocos que estaban y además estaba bien armado y bien mantenido, día a día tenés que estar, reparar, cuestiones que nos son tan fáciles y yo estuve", sostuvo el adolescente sobre este mundo tan interesante como extraño para una buena parte de la sociedad actual.

De dónde surgen las inquietudes, cómo un chico de 15 años decide emprender, porqué encuentran motivaciones, son dudas que siempre tienen diversas explicaciones. Para el caso de Joaquín el desafío fue simple y sencillo: "Con mi amigo jugábamos en otro servidor, pero no le ponían mucha onda, entonces de tanto hacer comentarios y reclamos y marcar errores nos terminaron expulsando. Esa situación nos hizo calentar un poco así que durante todas las vacaciones de invierno nos pusimos a programar el servidor así cuando lo terminamos pagamos el host y lo abrimos. En definitiva ver los errores de otro servidor y pensar que nosotros lo podíamos mejorar fue lo que nos motivó a esto que tengo hoy. Mis papás se pensaban que yo estaba jugando o paveando, pero un día les expliqué qué hacía y cómo estaba ganando plata. Obviamente al principio se preocuparon, no entendían, tenían miedo que fuera algo ilegal, pero cuando vieron de qué se trataba conté con el apoyo de ellos permanentemente. Ahora les gusta que yo esté haciendo algo que a mí me gusta, que me da experiencia, entonces me apoyan en todo", celebró.

El costo de un servidor asciende a 10 dólares al mes. Dada la cantidad de jugadores que tiene el juego, Joaquín Orive paga mensualmente 18 dólares y allí comienzan las cuestiones que trascienden al juego de niños. ¿Cómo sostener el emprendimiento?, vendiéndole a los players ventajas que lo destaquen del resto, parece increíble pero es así: los jugadores compran con dinero esas posibilidades que los destacarán luego del resto. "La gente puede comprar con dinero real, con plata, dentro del juego porque hay bancos y podés pedir préstamos; o un auto, o por ejemplo, el rol de mafia o el de terrorista que también hay es lo que la gente más compra" explicó Joaquín, detallando que por ejemplo los jugadores abonan hasta 22 dólares para convertirse en terrorista ó 18 dólares para ser un mafioso ó pagan 5 dólares para tener dinero para sus personajes.

Ese trámite en el que comienza a tallar otra cuestión también lo obligó a desarrollar nuevos aspectos. Por ejemplo, una página web específica para la compra venta de "ventajas virtuales". El público abona dinero real a través de PayPal o con otros sistemas de pago. Esa es su herramienta de recaudación, pero hasta allí el creador no toca -literalmente- un peso. Todo ese dinero ronda en la nube a través de la compra de virtualidad. Pero ese dinero hasta ahí irreal puede transformarse en pesos andantes y sonantes. De allí se paga el gasto que le significa tener el servidor. Y el excedente puede volverse efectivo con un proceso que por su minoría de edad se convierte en más complejo.

"Al principio era complicado, mis padres ni siquiera sabían bien de qué se trataba. Tenía el efectivo en la cuenta, pero no podía transformarlo. Así que un día le expliqué a mi mamá cada detalle. No entendió mucho, averiguó por otros lados y cuando entendió cómo funcionaba todo ese mundo me permitió pasar la plata a su cuenta y ya ahí pude usar efectivo", reveló.

Programado

Joaquín, como en el juego, encontró los caminos e insiste en que no le preocupa mucho el tema porque para él no es un buen negocio. "Exige mucho esfuerzo de tiempo para la ganancia que se obtiene. Desde que lo abrí gané 14.000 pesos aproximadamente. Lo sigo haciendo porque es algo que me gusta. No obstante, si en algún momento económicamente no me produce esa ganancia mínima lo voy a cerrar y probablemente eso sea cuando comiencen las clases porque tengo que dedicar un tiempo al estudio. Pero además me inscribí nuevamente en inglés, lo había dejado cuando arranqué la secundaria pero voy a volver porque siento que es básico tener un conocimiento profundo de ese idioma. No es que mis padres me dijeron andá y estudialo, fui por mi cuenta; me va a servir mucho para el futuro. Claro que me gusta esa posibilidad de ganar plata, pero no es lo que me motiva".

Durante el mes pasado Joaquín Orive decidió hacer un cambio grande en su servidor. Modificó los mapas en los que se desarrolla el juego, un trabajo le demandó unas 60 horas de dedicación, que resolvió en el transcurso de una semana: "Trabajo cada noche porque durante el día paso el tiempo con mi familia y mis amigos. Igualmente el tiempo que invierto depende del problema que surja. Por ahí actualizan el juego y se desconfigura algo, eso es fácil de resolver. Pero más allá de eso, a mí me gusta añadir algo nuevo en el servidor, para que la gente no se aburra. Cuando me pongo con eso ahí sí me lleva tiempo, tal vez cinco o seis horas por día durante una semana, pero eso es sólo una vez al mes. Mis amigos prefieren salir todos los fines de semana y digo '¡¡guau!!', para mí eso es una pérdida de tiempo, salen, toman, vuelven a la casa y ya se terminó, no le veo el sentido. Siento que es más productivo lo que yo hago sobre todo porque lo disfruto, me gusta y además obtengo todo un aprendizaje que para mí es muy importante", aseguró.

El futuro no llega

Desde hace muchos años distintos gobiernos seducen a los electorados hablando de tecnologías, de sus posibilidades, de la productividad, del futuro.

Desde hace muchos años esos guiños no se traducen en cambios sustanciales en el sector, siempre hay vacantes de programadores y pocos recursos para retenciones a la exportación de servicios informáticos luego de que las maniobras alcanzaran los 1.700 millones de dólares.

No obstante, los últimos dos gobiernos iniciaron un proceso de acercamiento al conocimiento, pero en edades muy tempranas. Todo pareciera indicar que buscan un más un ejército de programadores de temas no complejos, que de la generación de innovadores reales.

Sin referir puntualmente al tema, la charla de PRIMERA PLANA con Joaquín Orive, derivó hacia esos parajes que de tan mentados se vuelven desconocidos: "Sé que impulsan a que se aprenda y todo eso. Está bien, pero creo que igualmente si no te gusta la informática es medio una pérdida de tiempo. No es fácil que esto te empiece a gustar por ir a un curso. A mí me encanta la informática, disfruto programando, no es que mire la hora para saber cuándo termino. Por eso no veo muy efectivo esta cuestión de imponer el estudio de esto. El que quiere programar tiene que hacer una carrera específica, trabajar, trabajar, trabajar y hacer lo que quiera" explicó el adolescente, que definitivamente está trazando su futuro sin saber realmente hacia dónde se dirige, una constante de estos tiempos. "No tengo nada pensado. Ahora arranco las clases en 4° año y seguramente como voy a tener más especificidad en informática por ahí me ayuda a definir algo. Por ahora, no sé a qué me dedicaré, informática se divide en muchas ramas. Mi plan a futuro seria terminar la secundaria con el título internacional de inglés, después empezar una carrera en alguna universidad. Tengo ganas de irme a otro país así que si me llamase alguna empresa o si pudiera generar algo por mí mismo, no tendría dramas", adelantó.

En 2018, en el marco del Sillicon Valley Argentina, se presentó entre los oradores Fernando Luciani, CEO del Mercado Argentino de Valores. Ante la nutrida audiencia el especialista esbozó unos datos precisos sobre el futuro del mundo económico explicando, por ejemplo, que el logo de Apple, sin contemplar los flujos que genera y los activos con que cuenta, valía en ese momento 20 veces más que toda la soja junta de Argentina vendida en un solo instante, en unos 10 billones de dólares.

Es un dato como tantos otros que permite elucubrar que el desafío a futuro se centra en saber si nuestro país entenderá que la bendición de recursos naturales que en algún momento lo convirtió en potencia global, necesita un reemplazo o al menos tecnologías que lo reinventen. Mientras tanto, el pergaminense Joaquín Orive está ahí, preparándose para ese momento y de sus palabras queda claro que cuando vislumbra eso lo hace más afuera que dentro de esta parte del mapa.

Fuente: Primera Plana